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06.07.2008

La baja percepción del riesgo, gran reto en la lucha contra el cannabis

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Correofarmaceutico.com/Naiara Brocal

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Luchar contra la baja percepción del riesgo y la aceptación social del consumo de drogas son mensajes que cobran una especial relevancia cuando se habla de cannabis. El que durante años se le haya calificado de droga blanda, unido al discurso de los movimientos pro legalización de la marihuana y el hachís han sido elementos que han facilitado su extensión, según los expertos consultados por CF.

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Esta sustancia es la droga ilegal más consumida en España y en el mundo. En menores, como apuntan los últimos datos del Ministerio de Sanidad, el 20 por ciento de jóvenes de entre 14 y 18 años había consumido cannabis en los últimos 30 días, frente al 8,7 de la población de entre 15 y 64 años. Prevalencias muy altas, aunque en los adolescentes, menor que la de años anteriores.

Problemas
El Plan Nacional sobre Drogas publicaba además hace dos semanas un informe elaborado en colaboración con el Observatorio Europeo de Drogas y realizado en 14.589 estudiantes, que exponía que el 2,2 por ciento de chavales de entre 14 y 18 años presenta un consumo problemático de cannabis. En total, serían 50.000 los jóvenes en España en esta situación. Carmen Moya, delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD), explica a CF que el informe trató de detectar al adolescente que "no es consciente de que este consumo le está generando problemas y que puede desarrollar dependencia en un futuro". Para ello, se evaluaron parámetros como si consumía cannabis antes del mediodía, si lo hacía solo o si le había ocasionado problemas con sus amigos.

La extensión del consumo de cannabis y la edad de inicio de esta droga, situada en tan sólo 14,6 años, son cuestiones que preocupan al PNSD. Moya critica asimismo que el consumo de cannabis está casi "normalizado. Esta percepción de que no conlleva riesgos es un mito que hay que romper".

En población joven, pero que ya ha cumplido la mayoría de edad, el consumo de cannabis también es frecuente, según un estudio del Departamento de Psicología Clínica y Psicobiología de la Universidad de Santiago en 554 alumnos. De éstos, el 25,2 por ciento declaró fumar cannabis de forma habitual. Su autor principal, Fernando Vázquez, advierte de que el consumo de esta sustancia es a menudo la puerta de entrada al consumo de otras ilegales.

"En el mundo de las drogas no suele haber consumidores de una sola sustancia, por lo que no es extraño que el usuario de cannabis consuma también tabaco y alcohol".

Las consecuencias agudas del cannabis incluyen descoordinación motora, euforia, ansiedad, sensación de que el tiempo transcurre lentamente, deterioro de la capacidad del juicio, retraimiento social, desarrollo de trastornos psicóticos inducidos por el cannabis (aunque suelen remitir a las 24 horas) además de que afecta al rendimiento escolar y laboral del afectado.

Pero a largo plazo puede tener efectos irreversibles como deterioro de la memoria y de la atención, propiciar trastornos de ansiedad, y en personas vulnerables favorece el desarrollo de psicosis.

Moya apunta que en torno al 7 por ciento de los que prueban el cannabis acabarán desarrollando dependencia o lo que es lo mismo, pérdida de control sobre el consumo unido a efectos físicos, psicológicos y comportamentales.

Las drogas, resalta Vázquez, son producto de su época. "El consumo de cannabis, junto con el alcohol y la cocaína son fundamentalmente de tipo recreativo".

En cuanto al cannabis, señala que la insistencia de los medios de comunicación sobre el perfil terapéutico del cannabis ha restado credibilidad a los mensajes sobre sus efectos negativos.

La Sociedad Española de Medicina Familiar y comunitaria (Semfyc), entidad que ha colaborado con el PNSD, apuesta por registrar en la historia clínica de los pacientes el consumo de cannabis y otras sustancias. El coordinador del Grupo de Intervención en Drogas, José Zarco, destaca que el fin es "diagnosticar lo antes posible, prevenir dependencia y, en su caso, tratar".

Comunicación
Lograr la confianza del paciente es lo más complicado. "Precisa habilidades de comunicación para diagnosticar y abordar estos asuntos, manteniendo la confidencialidad porque es una parte muy íntima y privada, y que en muchos casos tiene un tinte de ilegal. Por eso hay que trabajar sobre los prejuicios para que no influyan en la relación terapéutica".

En adolescentes, la demanda de ayuda es probable que parta del entorno familiar. "Hay que dejar claro que hay que trabajar con el adolescente e intentar calmar la angustia que estas situaciones genera".

Para el representante de Semfyc, aunque no se puede banalizar ningún consumo, hay que "contextualizar" cada situación concreta.

"Dadas las prevalencias que existen, no es nada raro que un chaval de 18 años haya probado el cannabis. Pero la mayor parte son consumos esporádicos".

La comorbilidad psiquiátrica, frecuente
La comorbilidad entre consumo de cannabis y trastornos mentales se encuentra en plena investigación. La semana pasada se publicaban los resultados de un estudio en adolescentes hospitalizados en el Servicio de Psiquiatría y Psicología Infantil y Juvenil del Hospital Clínico de Barcelona que mostraba que uno de cada diez había consumido esta droga a diario en el último año. El trabajo, promovido por el Programa de Becas de Investigación de la Fundación Española de Psiquiatría y AstraZeneca, expone que los pacientes con trastornos de conducta, déficit de atención e hiperactividad y trastorno bipolar registran los mayores consumos. Estudios de neuroimagen han demostrado, por otra parte, el daño que el cannabis produce en el cerebro. Uno de los últimos, publicado en junio en Archives of General Psychiatry, señalaba que fumar a diario cinco cigarrillos de cannabis reduce el hipocampo, que es el área cerebral que regula las emociones y la memoria. "Es difícil demostrar el efecto causal en estas enfermedades", explica José Zarco, de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (Semfyc). Respecto a la asociación clásica con la esquizofrenia, el experto señala que "no está claro si el cannabis favorecería la enfermedad o desenmascararía una predisposición genética".

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