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    NOTICIAS

En 1987, un exitoso programa terapéutico logró frenar la alarma social creada por las drogodependencias

08.10.2012

 

 

María –nombre ficticio de nuestra protagonista que pide el anonimato por razones obvias– está llena de energía. Sonríe  y mueve las manos. Sus ojos brillan mientras cuenta su viaje de ida y vuelta por el infierno de las drogas. Suma 30 años y está «superorgullosa» de haber pisado los viejos suelos del centro de acogida de Proyecto Hombre, en la calle Ignacio de Loyola, el lugar, la ventana abierta, la mano amiga que tiró de ella cuando estaba en el pozo de los estupefacientes, ese abismo del que sólo pueden salir los que un día piden ayuda. «Comencé muy joven a tontear con los porros y el alcohol. Con 14 años, en el colegio, sólo quieres ser guay, aparentar que eres mayor, divertirte a todas horas. Un problema familiar me llevó de probar la droga el fin de semana a buscarla cada día. Esnifaba y fumaba farlopa (cocaína). Vivía en esa mentira en la que sólo importa consumir. Te vuelves retorcida, mala. Tratas mal a los que quieren ayudarte. Presumes de que te vas a desenganchar el día que quieras, pero no es cierto. Todo empeora», relata María.

Un día que no pudo más, cumplidos los 23 años, le dijo a su madre que necesitaba ayuda. «Recuerdo que me dijo, gracias, hija. No lo entendía. Con el tiempo lo he comprendido. Mi familia estaba muy preocupada y apareció Proyecto Hombre en mi vida como una tabla de salvación. Me costó, porque tuve que cambiar de hábitos, de vida, decir adiós a los amigos que seguían enganchados, pero salí adelante. He trabajado y aunque estoy en paro he vuelto a estudiar de nuevo. Tengo ilusiones y una vida por delante», relata María.

El obispo Larrauri

Su historia como la de decenas de alaveses que se han rehabilitado y han dado la espalda a las drogas está muy ligada a Proyecto Hombre, que el pasado 7 de septiembre cumplió 25 años de vida. Nació en el seno de la Diócesis. El entonces obispo José María Larrauri, ya fallecido, quiso trasladar a Vitoria la experiencia romana del ‘Progetto Uomo’ para afrontar la imperiosa necesidad de hacer algo con el grave problema de las drogas. «Se veían tremendas imágenes de jóvenes pinchándose heroína, unidas al constante goteo de atracos y detenciones que eran noticia diaria en aquellos tiempos», ha recordado José LuisAlonso Quilchano que fue el primer director del programa, integrado dentro dela Fundación Jeiki, que se constituyó en 1987 por la  Diócesis de Vitoria, Cáritas y la Fundación Molinuevo. El camino iniciado había tenido un éxito arrollador. El llamado Centro Italiano de Solidaridad de Roma había roto la percepción generalizada entre los profesionales de que la rehabilitación completa era casi imposible, que los drogodependientes recaerían una y otra vez. «Del pesimismo generalizado se pasó a la certeza de que era posible salir», recalca Alonso. «En los comienzos el perfil típico del que venía a nuestra asociación era un hombre policonsumidor, con la heroína inyectada como consumo principal, menor de 30 años, mayoritariamente soltero y sin hijos, con nivel de estudios con baja o nula cualificación profesional. El 30% tenía problemas judiciales y muchos estaban enfermos de Sida o la Hepatitis C», explica Olga Sánchez, directora de la Fundación Jeiki desde 2006. Hoy en día, Proyecto Hombre en Vitoria atiende a personas con una media de 36 años . El 37% tiene hijos. La mitad han realizado estudios por encima de la enseñanza obligatoria. Más de la mitad trabaja y un 43% está en paro. La modificación de los hábitos de consumo hace que se reduzca a niveles muy bajos la infección por VIH o hepatitis. La sustancia principal de consumo se diversifica: cocaína, 35%; alcohol, 31%; cannabis, 16%; y heroína,7%. Si antes el apoyo fundamental en el tratamiento era el de los padres, actualmente es importante el de la pareja. El 62% de los que acude ha realizado otros tratamientos previos. Cada vez se ven más usuarios con enfermedad mental asociada a las drogas.

Una labor coordinada

Olga Sánchez cree que gran parte del éxito de la fundación se debe a la implicación de instituciones (Osakidetza ,Ayuntamiento, Diputación) y voluntarios, desde el ámbito sanitario al asociativo. «Ha sido una labor de muchas personas entre las que estamos nosotros», comenta. La directora teme que con la crisis haya un repunte de las drogas. «Se ha producido en situaciones similares a ésta. Cuando hay desprotección aumenta el malestar psicológico y eso conduce a la enfermedad mental o a las drogas. De hecho se ha detectado aumento del alcoholismo y el consumo de heroína fumada. Por eso seguimos en la brecha, intentando sembrar esperanza », concluye Olga.

El Correo-Francisco Gongora