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    NOTICIAS

el botellón, un problema

03.07.2010

Ruido en vasos de plástico

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Sol y alcohol. Con el verano y las vacaciones regresa una de las modas más arraigadas entre los jóvenes, el botellón. El alboroto y la basura vuelven de la mano de una fiesta que algunos creen necesaria.

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gentedigital.es/Nacho Urquijo

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Botellón, botellona, botellot. Se llame como se llame, no falla. Con la llegada definitiva del buen tiempo resurge uno de los fenómenos juveniles más respaldados de la década. Esta forma de ocio reúne cada fin de semana a cientos (miles, en algunos casos) de jóvenes en torno a una botella de alcohol, generalmente en un espacio público y normalmente bajo ninguna supervisión.

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Una de las principales razones del triunfo del botellón sobre cualquier otro plan nocturno ha sido, indudablemente, el precio de las copas en los locales, demasiado elevado para la mayoría de los jóvenes. Así lo indica Fernando Sánchez, estudiante de 18 años.
Además "es más fácil relacionarse en un botellón que en una discoteca", asegura tajante Fernando, quien piensa que los espacios abiertos favorecen la comunicación, mientras que en las discotecas "no se escucha nada". Esta tesis la ha ratificado un estudio de la Obra Social Caja Madrid. La entidad establece que la mayoría de los jóvenes españoles beben para ligar, hacer nuevos amigos y sentirse aceptados en el grupo. Fernando, particularmente, secunda el estudio, pues opina que la gente de su edad practica el botellón "porque lo hace todo el mundo".

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DAÑOS COLATERALES
Además de favorecer las relaciones personales de los más jóvenes, el botellón genera otros efectos colaterales. La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) denunció recientemente las peleas con heridos, los accidentes, la suciedad y los daños al mobiliario que a menudo dejan a su paso este tipo de reuniones masivas. La organización que representa a más de 8.000 ayuntamientos ha solicitado que el Gobierno central implante una serie de medidas para acabar con estos disturbios, creando una Comisión Mixta en el Senado que se encargue de proponer soluciones a lo que considera un problema.

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A las perturbaciones citadas por la FEMP hay que sumar otra igual de molesta: el ruido, una constante en cualquier botellón, sobre todo cuando éstos se realizan en el casco urbano de las ciudades o los pueblos, cerca de bloques de viviendas. Algunos de los afectados por la proliferación de esta forma de fiesta urbana se han agrupado en torno a asociaciones. Una de ellas, la plataforma Derecho al Descanso, reivindica desde Sevilla medidas más efectivas para erradicar el botellón, solicitando a la Junta de Andalucía que cumpla a rajatabla la ley.

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CON LA LEY EN CONTRA
El botellón ya no pilla por sorpresa a nadie. Se ha hablado mucho de él y la mayoría de las comunidades autónomas han tomado cartas en el asunto en forma de normativas que regulan esta práctica tan común entre adolescentes y veinteañeros.

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La citada Junta de Andalucía, por ejemplo, prohíbe "la permanencia y concentración de personas que se encuentren consumiendo bebidas fuera de las zonas que el Ayuntamiento haya establecido como permitidas". Extremadura, las Islas Canarias o Castilla y León son otras comunidades que han establecido prohibiciones similares. En Madrid, por ejemplo, "no se permitirá la venta ni el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública", según lo dispuesto en la Ley 5/2002 sobre Drogodependencias y otros Trastornos Adictivos.

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NO SÓLO DESORDEN
La ingesta masiva de alcohol en la vía pública no sólo genera desorden, ruidos y toneladas de basura. La sociedad científica 'Sociodrogalcohol' ha elaborado un informe, avalado por el Plan Nacional sobre Drogas, en el que pone de manifiesto las consecuencias negativas que este hábito tiene para la salud de los más jóvenes. Entre los efectos más signifcativos citan la incapacidad para recordar la información aprendida o la dificultad para prestar atención.

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El estudiante Fernando Sánchez ve además una contrariedad más social: "los chicos se acostumbran a ligar porque están desinhibidos y luego ya no pueden hacerlo sin alcohol".
Pero lo cierto es que a pesar de la ley, las campañas de información y los efectos adversos, los botellones se siguen celebrando. Nada parece frenar un fenómeno cada vez más enraizado en la cultura popular estudiantil. El Paseo de Rosales en Madrid, Poblenou en Barcelona o los Jardines de Méndez Núñez en A Coruña son sólo algunos lugares de la geografía española donde cada fin de semana se congregan cientos de jóvenes para compartir copas y conversaciones. Y seguirán produciéndose, de acuerdo con la opinión de Alejandro Fernández, estudiante de 18 años, "mientras no haya alternativas" de ocio nocturno "para los que no tienen mucho dinero".