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    NOTICIAS

Del pozo de la droga a la reinserción social

12.12.2010

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Una de cada cuatro personas que inicia el tratamiento de Proyecto Hombre supera la adicción y encuentra un empleo

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El correo.com/GORKA ASCORBEBEITIA

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«Vivimos en una sociedad que tolera muy poco los malos momentos. Ciertas dosis de tristeza, ansiedad o frustración son normales en los problemas cotidianos de la vida. Sin embargo, en muchas ocasiones se recurre al uso de pastillas para buscar un continuo estado de bienestar mental». Estibaliz Barron sabe muy bien de lo que habla. De la falsa búsqueda de la felicidad. Del intento de escapar de los problemas cotidianos por puertas que no los resuelven y sólo conducen a un infierno. De la costosísima factura personal y familiar por haber caído, muchas veces de forma inconsciente, a un pozo sin fondo... La Fundación Gizakia, que ella dirige, promueve programas de asistencia a colectivos en riesgo de exclusión por su dependencia de las drogas, así como iniciativas que buscan fomentar la prevención entre los jóvenes. Entre todos ellos destaca Proyecto Hombre, que acaba de cumplir 25 años en Euskadi. «Debemos tener cuidado de no transmitir a nuestros hijos que ante el malestar recurrimos siempre a alguna sustancia», advierte con la vista puesta en el futuro.

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El disparado consumo de droga -en especial, la heroína inyectada- suscitaba una enorme alarma social y sanitaria en toda España cuando, en 1984, nació el primer programa Proyecto Hombre en Madrid. Tomó como referencia una metodología existente en Italia desde 1971 y denominada Proyecto Uomo. Su filosofía se basa en identificar el problema existencial que induce a la adicción y trabajarlo desde un marco terapéutico-educativo. La idea es que el drogadicto así recupere su autonomía y pueda reinsertarse en la sociedad.

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La iniciativa se extendió a Euskadi a comienzos del ejercicio siguiente, cuando bajo los auspicios de la Fundación Izan surge Proyecto Hombre Guipúzcoa. A mediados de noviembre, y con el impulso de Cáritas y la Diócesis de Bilbao, se pone en funcionamiento el programa en Vizcaya para, más adelante, tomar consistencia como Gizakia. En Álava comenzó en 1987 bajo el amparo de la Fundación Jeiki, promovida por la Diócesis de Vitoria y Cáritas.

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Desde sus comienzos, 10.571 drogodependientes han iniciado tratamiento a través de este programa en Euskadi. De ellos, 5.040 en Vizcaya, 4.621 en Guipúzcoa y 910 en Álava. Alrededor del 60% completa el proceso de desintoxicación, pero sólo una cuarta parte consigue a reinsertarse por completo en la sociedad, lo que prueba los desgarradores efectos de las drogas incluso en las personas que manifiestan la firme voluntad de dejarlas.

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Un nuevo perfil

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En ese cuarto de siglo, el perfil del enganchado a las sustancias estupefacientes ha cambiado de forma palpable. «El consumo estaba relacionado antes con el movimiento contracultural de los años ochenta», explica Estíbaliz Barron. «Ahora tiene más que ver con elementos lúdicos, con buscar la satisfacción hasta sus últimas consecuencias. Lo más normal es que las drogas se tomen para continuar con la fiesta. El problema es que, en algunos casos, a partir de ahí se genera una adicción».

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Uno de los elementos singulares de Proyecto Hombre respecto a otros programas de desintoxicación es que su tratamiento es integral y no se limita a un proceso médico o incluso psicológico, que en muchos casos la sanidad pública ya cubre. Su propuesta gira en torno a un plan global con el objetivo de «abordar en su conjunto los problemas de las personas con dependencias orientado a conseguir una reinserción social completa». Además del servicio médico, se ofrece ayuda a los familiares del adicto y a los propios enfermos se les brinda apoyo formativo y laboral. Para que un drogodependiente quede rehabilitado por completo, los baremos de Proyecto Hombre marcan que debe coronar su reinserción social encontrando un trabajo estable y volviendo a desarrollar una vida absolutamente normal. Un listón alto que explica en parte por qué sólo una de cada cuatro personas llega hasta el final.

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Internamiento

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Pero la reinserción laboral no es más que el punto final de un largo proceso que empieza cuando un enfermo acude por primera vez a pedir ayuda. El paso inicial es realizar un diagnóstico y un plan de tratamiento que siempre tiene el mismo comienzo: deshabituarse de consumir las sustancias que provocan la adicción. Después vendrá el ingreso en una comunidad terapéutica, lo que para muchos es el punto más duro. Un periodo de internamiento pensado para los drogodependientes que necesitan aislarse de su entorno para desengancharse. Una vez superada esta fase arranca la reinserción social, una de cuyas facetas toca el aspecto laboral.

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A día de hoy, alrededor de un 80% de los drogodependientes que acuden a Proyecto Hombre son varones. Una tendencia que se ha mantenido desde sus orígenes. Otras, por el contrario, han evolucionado. La droga estrella ahora es la cocaína, con más del 30% de los casos. La heroína sigue presente, pero su incidencia es mucho menor que hace 25 años: sólo uno de cada diez enfermos solicitan desintoxicarse de esta sustancia.

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El número de personas que acude al programa no deja de crecer. Más de 1.000 vascos participaron en él durante el último ejercicio; es decir, por encima del 10% de los atendidos en un cuarto de siglo. La Fundación Gizakia ofrece tratamientos específicos e independientes para adictos a sustancias concretas (speed, metaanfetaminas, LSD...) Tan sólo el programa de cocaína registró el pasado año 165 solicitudes de ayuda. Estos datos confirman que el problema de las drogas en Euskadi está lejos de quedar solucionado. Estibaliz Barron advierte a los padres: «La edad de contacto con algunas sustancias, como el alcohol, está ya entre los 12 y 13 años. Luego se pasa al cannabis y de ahí...»

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