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    NOTICIAS

De rico con el ladrillo a cocainómano

06.06.2010

Jóvenes que se enriquecieron con la construcción en los pueblos son tratados de su adicción

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La crisis agudiza las depresiones y dispara el consumo de estupefacientes entre un nuevo tipo de drogadictos

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lasprovincias.es/ALEJANDRO PLÀ

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Salgo de fiesta con una fajo de billetes en el bolsillo. Que no en la cartera. Porque tanta leña me puedo permitir quemar de lunes a domingo (liarla el fin de semana es para los pobres) que prefiero traerlos conmigo enrollados en una gomita. Y en el otro bolsillo llevo el mechero, el tabaco, las tarjetas y la coca. Por cierto, ¿qué pone en este mechero? El Pájaro Espino. A saber, lo trincaría el martes pasado de aquel garito al que fui con mis proveedores. Pago esta ronda y también la siguiente. Estoy muy arriba. ¿Cubata a 15 pavos? Bah, basurilla. Toma veinte guapa y quédate con la propina. Para mí que ya he ligado. He visto el modo en que me ha sonreído la tipa. Vaya subidón. En nada vuelvo al baño para atizarme otro tirito. Es 2007. Soy varón, me dedico al mundo de la construcción, tengo treinta y algo y vivo en un pueblo de Valencia.

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Pero mi vida ha cambiado debido a la crisis del ladrillo. Ya no estoy tan arriba. De hecho la cosa pinta tirando a chunga para mí. No puedo pagar a mis proveedores y debo huir de los bancos. Como un forajido. ¿Mis amigos? Los pocos que permanecieron a mi lado desde el castañazo dejaron de serlo cuando empecé a ratonearles pasta. Joder, se veía venir. Y además, sin darme cuenta, he terminado enganchado a la coca y al alcohol.

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Francamente, he llegado a un punto en el que prefiero no cenar, o picar cualquier tontería a lo largo de dos o tres días antes de quedarme sin dinero para consumir mi gramito. Represento el perfil del nuevo drogadicto valenciano. El que ha comenzado a acudir a Proyecto Hombre en busca de ayuda. Soy el nuevo drogadicto que se ha desprendido de la crisis. Otra consecuencia.

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«En cierto modo era de prever que aumentara la drogadicción puesto que han crecido los factores de riesgo: hay más gente en el paro, hay más tiempo libre, más ansiedad generalizada y todo esto puede conducir a la depresión», explica Juan Manuel Ferrer, director técnico de la fundación Arzobispo Miguel Roca-Proyecto Hombre Valencia (proyectohombrevalencia.org).

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A lo largo de 2009 han sido 812 personas (el 8% de las mismas fueron adolescentes) que han visitado esta institución cuya meta es lograr que la gente con problemas de drogadicción logre superarlos. «La cifra ha crecido, sobre todo, con respecto a 2007. Luego también habría que contabilizar aquellos que vinieron sólo a preguntar, que fueron unos 3.000. El perfil que más se ha repetido ha sido el del joven de 30 a 35 años. En un 75% eran varones. Ha habido mucho empresario joven de la construcción, valenciano de pueblo, que había llegado a facturar mucho dinero en poco tiempo», explica.

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¿Y qué decir del alcohol? «La mayoría son policonsumidores. El que consume coca, al 99% consume también alcohol, cuyo consumo ha crecido 10 puntos en un año», manifiesta Ferrer. Proyecto Hombre (su sede en Valencia, pues también existen en Gandia, Ontinyent y Sagunto) tiene tres puertas de acceso. Se localiza en la calle Padre Esteban Pernet número 1. Libremente se puede ingresar.

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La mecánica para el interesado es la siguiente: entrar en recepción y «en no más de 48 horas» te dan una cita. En la misma, un trabajador social y varios psicólogos evalúan tu situación y en función de ella se te deriva a un centro de día (como esta propia sede que hay en Valencia), a una comunidad terapéutica (la permanencia allí es de 24 horas a lo largo de seis meses) o al nivel que se te evalúe.

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Sin embargo, el proceso 'menos espontáneo' de presentarse en la fundación pasa por acudir al médico de cabecera, quien te deriva al especialista y de allí a la UCA (Unidad de Conductas Adictivas), con quien tienen plazas concertadas.

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«¿Has visto las estadísticas en el consumo del tabaco en las mujeres?», me comenta Juan Manuel Ferrer en un momento de la entrevista. La observación sirve de hilo de enganche para hablar de otras drogas más duras.

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«La mujer se droga igual que el hombre, pero a ellas les cuesta más venir debido a sus cargas personales, los estigmas sociales...», indica el director técnico de la entidad, que acto seguido añade: «A edades jóvenes, en lo que se refiere al consumo de alcohol, aunque parezca increíble, las chicas están alcanzando a los chicos».

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La comunidad terapéutica construida junto al centro de día de Proyecto Hombre en Valencia es sólo para mujeres. Existen 26 plazas públicas y seis privadas. Todas ellas. Preguntado por si se había dado algún caso como el que recientemente sucedió un centro penitenciario de Madrid, donde los celadores intercambiaban favores sexuales con las reclusas, Ferrer se apresura a negarlo: «El miedo existe, claro, pero nunca ocurrió. Además, casi toda la plantilla está integrada por mujeres. Sí que es verdad que entre las usuarias ha habido todo tipo de relación... pero si vemos que se exceden, se expulsan».