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    NOTICIAS

"Ciberniños": cautivos de la tecnología

09.06.2007

  Un 12 por ciento de los adolescentes españoles abusa del móvil o de internet - No existe ni una sola clínica especializada en España para tratar un fenómeno en aumento - Aislamiento y fracaso escolar, algunos síntomas

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La Razón/Marta Borcha 

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Las nuevas tecnologías acunan la infancia de nuestros hijos. Móviles, videojuegos , «messengers», ordenadores y «chats» han sustituido a los juegos infantiles de antaño. La era digital ha «cibernetizado» a los niños españoles hasta el punto de que los padres se ven superados por su dominio de todo lo digital.
   Las nuevas tecnologías se alzan como opciones de ocio y comunicación, pero conllevan sus riesgos. En Japón, ya han acuñado el término «hikimori» para bautizar a toda una generación. Chavales que se enganchan a la pantalla y, encerrados en su habitación, se aíslan del mundo. China ha declarado la guerra a las «ciberadicciones», imponiendo restricciones a los menores y abriendo ocho clínicas en las que se aplica disciplina militar y hasta «electroshock».
   En Europa, uno de cada diez internautas puede convertirse en adicto. Los más propensos son varones menores de edad. Así lo confirma una encuesta realizada por el instituto Zúrich para la Lucha contra las Dependencias entre 20.000 personas. El 6% de los menores se revelaron dependientes, lo que confirma «una tendencia inquietante en Europa».
   Aunque no hay datos en nuestro país, el II Congreso sobre Trastornos de la Conducta, celebrado el pasado enero en Madrid, puso de relieve que el 12% de los adolescentes españoles abusa de los móviles e internet. Algo que confirman en la entidad Protégeles, desde donde alertan que el «problema va a más» y que el 11% de los chicos de entre 10 y 17 años no puede pasar ni un día sin el ordenador. «Ese porcentaje se ha duplicado en los últimos 5 años y en toda España no hay ni un centro específico para tratar estas nuevas enfermedades», explica Guillermo Cánovas, presidente de la ONG.
   Según los investigadores, este tipo de adicciones esconden una predisposición biológica o social, y están relacionadas con problemas de desatención familiar. «Los patrones sociales, culturales y familiares en los que se forma el niño tienen mucha influencia», aprecia Manuel Orellana, director del Proyecto Hombre.
   Los profesionales de la salud mental ya tienen entre sus pacientes a adolescentes adictos a las nuevas tecnologías. Es el caso de la Fundación Arzobispo Miguel Roca-Proyecto Hombre de Valencia, que desde 2005 ha incorporado terapias especiales para corregir estas conductas. Ángel Turbi, director técnico de prevención de esta organización, asegura que se trata «de una tendencia social que va en aumento. Los jóvenes se envician sobre todo con el ??ciberjuego??, los juegos ??on-line??, y los ??chats??, a veces hasta las cuatro de la madrugada, algo que puede desembocar en absentismo y fracaso escolar, así como agresividad y enfrentamientos con los padres».
   En el caso de los «ciberjuegos», «la adicción suele ser mayor, ya que hay competición, y se da más en niños». La adicción a los «chats» es más frecuente en las niñas y está relacionada con «la timidez, la baja autoestima, los complejos y la escasez de habilidad para relacionarse».
   El uso compulsivo de internet y del móvil es frecuente entre sus pacientes de 14 a 16 años y, aunque es difícil de detectar la adicción a la red porque las tarifas planas enmascaran el consumo, aclara Turbi, en el caso del teléfono móvil, las facturas son una prueba irrefutable. «Hay casos en que gastan hasta 600 euros o jóvenes que han mandado 1.000 mensajes al mes. Para este profesional, resulta esencial educar a los hijos en un uso responsable de las nuevas tecnologías: «No es recomendable que los menores de 14 años tengan móvil sin vigilancia paterna».
   Terapia responsable
   La terapia que reciben los menores «no va dirigida a que dejen el hábito, como con las drogas, sino a que aprendan un manejo responsable». Los tratamientos se dividen en varias etapas en las que el adicto debe efectuar llamadas delante de otras personas y hacerlo, además, con tarjeta prepago para controlar el gasto.
   Otro campo polémico es el de la violencia de algunos videojuegos. Una realidad que Amnistía Internacional (AI) ha hecho pública en un informe en el que denuncia que el Gobierno no evita que los niños accedan a títulos para adultos.
   La organización pone como ejemplo el exitoso «Call of Duty 3», calificado para mayores de 18 años por el código voluntario de autorregulación europeo Pegi, que AI considera «insuficiente». El juego se sitúa en la batalla de Normandía, donde el jugador se transforma en un soldado de asalto, cuya sangrienta acción vive en primera persona. AI denuncia que el título se expone mezclado con videojuegos para menores.
   José Antonio Marina alerta, por su parte, del inesperado papel que están adquiriendo las nuevas tecnologías. El filósofo advierte de que internet contribuye a la proliferación de mensajes cortos y «chats», lo que, sumado a eslóganes y consignas, «simplifica y endurece la comunicación, tanto que el 40% de los jóvenes de 24 años es incapaz de seguir un razonamiento complejo, como el editorial de un periódico».
   Pero es en los videojuegos donde más patente es la violencia. «Son de una brutalidad e incitación a la violencia tal, que los expertos están asustados, pues transmiten patrones crueles y machistas, y las autoridades deberían tomar medidas», aprecia el especialista. Además, «las horas que pasan los niños ante el televisor producen una alteración neurológica que es probable que incidan en el déficit de atención y la hiperactividad».
   De esta manera, expone, entre el 7 y el 11 por ciento de los escolares son hiperactivos, lo que supone un antecedente, al menos en un 40 por ciento de los casos, de actitudes violentas. «Los niños hiperactivos encajan mal con sus compañeros de colegio y, mientras la mitad se deprime, la otra mitad adopta conductas agresivas», advierte.